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Si estás pensando en adoptar un gato, esto es lo que debes saber

Hace tres semanas adopté un gato. Es mi primera mascota. Toda la vida quise uno y pensé que sería sencillo. Buscaría un gato bebé para que se acostumbrara a sus nuevos padres, a su casa, a nuestro estilo de vida y creciera con nosotros.

Luego de considerar todas las opciones y decidir si teníamos la estabilidad económica para tener un hijo animal, aproveché una publicación de Facebook de unos gatos en una finca y así llegó Gandalf.
Tres meses, blanco, de orejas y cola negra, desnutrido, lleno de pulgas y parásitos.

Yo estaba más nerviosa que él cuando llegó. El día anterior habíamos comprado todo. Una cama, juguetes, comida, recipientes, pañitos húmedos, cepillo, arenero, pero nada podría habernos preparado para esto.

En cuanto llegó a casa, se escondió en el primer lugar que encontró, obligándonos a encerrarlo en nuestra habitación, para que se familiarizara con los sonidos, el espacio, sus cosas y las nuestras.
Afortunadamente no es llorón, pero esa primera noche nadie durmió. Tuvimos que bañarlo para quitarle las pulgas y en la veterinaria, la pesa no nos pudo decir su peso. Fue un día de muchas sensaciones. Terminé llorando.
Esa primera noche no quiso comer ni tomar agua, lo cual era entendible, estaba nervioso, en un lugar desconocido, con dos personas desconocidas que cada que se acercaban a él, lo asustaban.

No pensé que iba a ser tan difícil. Quería que mi gato no tuviera pulgas, que me entendiera, que durmiera conmigo, que comiera bien y aprendiera a usar la arena, que me siguiera por la casa y que me dejara dormir.
Esto no pasó hasta dos semanas después.

Entendí que Gandalf, es un bebé y como todo bebé, necesita mucha atención, amor, compresión y, sobre todo:  PACIENCIA. Nada iba a suceder de la noche a la mañana, pero sí debí prepararme mejor. Leer más sobre sus comportamientos, sobre cómo preparar la casa. Saber que querría un lugar para esconderse, cerrado y oscuro, cómo regañarlo, darle su espacio, jugar para cansarlo, enseñarle los espacios y los momentos para todo.

Así que ha sido un proceso complejo, pero hoy, que está dormido en mis piernas mientras escribo esto, recuerdo porqué lo quería en mi vida.
Ya no me molesta que me despierte al amanecer, arañándome la cara, como quien, despierta y juega conmigo. Ya responde a su nombre y a mis llamados cuando quiero llenarlo de besos y mimos, tanto que los pide para quedarse dormido.
Los gatos son muy limpios, el mismo se encarga de quedar igual de blanquito luego de entrar al arenero. También disfrutan de jugar con cualquier cosa que puedan manejar con sus paticas.

En conclusión, si estás pensando en incluir un gato en tu vida, sé muy paciente y prepárate para no volver a dormir hasta tarde y enamorarte profundamente de una criatura que te habla en otro idioma.

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